Analfabeto

No se escribir. Tanta educación, tantos bolígrafos y plumas acariciando el suave tacto del folio virgen, tantas ideas, tantos conceptos que representar y, sin embargo, no se escribir. No me sale. No merezco que me salga.

Como todo lo engendrado por el caótico caos del universo, todo lo escrito vive, y, tras vivir, muere. Algunos creerán que aquello plasmado en el papel es eterno pues, incluso tras la muerte del autor, permanece; en una alegoría similar al hombre tras la muerte de Dios, perdido en el nihilismo y la soledad desamparada.

Tras extraer esta alegoría y establecer una comparación entre lo escrito y el hombre y Dios y el autor (omnipotente y tirano; misericordioso y benevolente) nos debemos preguntar ¿cuándo esta vivo el lenguaje escrito? Muchos pensarán que este momento es cuando se lee; sin embargo, tras el paso de los años y la defunción del autor lo escrito perderá gran parte de su sentido, de su esencia, pues lo creado pierde sentido sin el creador. Otros pensarán que quizás el lenguaje está vivo antes de plasmarlo, en las alborotadas ideas que asaltan nuestra mente, antes de que las plasmemos en conceptos y, por tanto, las humanicemos, acabando con su entelequia abstracta y pura. Sin embargo, ¿cómo va a estar vivo algo que ni siquiera existe, pues aun es solo potencia? ¿Acaso esta el niño vivo antes de ser expulsado desde el útero de la madre a este frío y tétrico mundo?

Yo, sin embargo, postulo que el lenguaje no está vivo ni antes ni después de la escritura, sino en el momento exacto en el que se escribe, cuando la tinta besa al papel susurrándole los máximos secretos del autor. Esta viva, sonríe y fluye, hasta su muerte al levantarse el peso de la pluma y caer las últimas gotas, como estertores de un Cristo siendo atravesado por la lanza de Longinos.

Por eso, no se escribir ¡Como ser capaz como creador contingente y mortal de traspasar a algo tangible y efímero el amor que siento por ti! Algo efímero nunca es para siempre: por eso moriré, me olvidarán y de mi paso por el amor solo quedarán como huellas las lágrimas con las que impregno la almohada y nuestras risas pintando esos días de ternura, soñando con ser capaz de escribirlo en lo  más profundo de mi alma.

Thanatos

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